5.7.26

El silencio y la luz - Mezquita de Córdoba

Las imágenes que se integran en este proyecto fueron expuestas en una muestra individual que se celebró en la sede de la Asociación Fotográfica Cordobesa (Afoco) en los meses de octubre y noviembre de 2018.

La Mezquita de Córdoba es un espacio sagrado pleno de magia al que no dudo en acercarme una y otra vez, de modo que las imágenes que se integran en este proyecto no están hechas en un solo día sino a lo largo de varios años. Cuando recorría su sala de oración buscaba unas veces la luminosidad que aportan los meses de verano, cuando los rayos que se filtran inundan de una luz tamizada este espacio. Otras veces, las imágenes habrán sido hechas a primera hora de la mañana en invierno, cuando todo en el templo es oscuridad y silencio. Casi podría afirmar que para quienes trabajamos con la luz no hay una sola mezquita, sino muchas. A veces también he recorrido este espacio mágico buscando rincones más íntimos, más de detalle, en los que el visitante no es infrecuente que se tope con la huella de lo romano o lo cristiano.

La Mezquita andalusí, ya que la Catedral cristiana requeriría por sí sola de otro proyecto, se trata de un conjunto que nos manifiesta una belleza sorprendente. En ella, las dovelas de los arcos combinan la piedra y los ladrillos de color rojo, y el oratorio se constituye en un hermoso bosque de columnas en el que se produce una concentración de arcadas superpuestas que se prolonga hasta más allá de donde alcanza la mirada. Quien pasea por el templo cordobés no puede sino sentir que está contemplando un milagro de la arquitectura.

Cuando esa persona llega ante el Mihrab, el espacio más sagrado, pronto repara en que allí, en su interior, nada hay salvo el vacío, ya que en palabras de Antonio Muñoz Molina: “Sólo el vacío y el silencio permiten sugerir la presencia de lo que no puede ser representado”. El vacío, el silencio “y la luz”, añadiría yo. Esa luz tan especial que impregna a nuestra Mezquita, sobre todo a ciertas horas del día. Caminando por sus salas estamos frente al Reino de la pura extensión vacía, ante unos ámbitos despojados de todo lo que no sea número y desnuda horizontalidad. Se manifiesta ante nosotros todo un mundo de silencio y de luz, de simbolismo místico andalusí, que se trasluce en un sentimiento de prodigio que es lo que uno hubiera querido reflejar en estas fotografías que ahora os presento.